SARAH MCGREGOR

Enfermera. Programa de inserción laboral para menores procedentes de conflictos bélicos.
Especie: Mestiza (Humano y Oleysiano).
Edad: 7,5 ciclos Riawlent (15 años terrícolas).
El protocolo de la División Terrícola del Ejército Riawlent exige que todas las naves tengan la figura de un profesional de la salud, con la finalidad de mantener a la tripulación en un estado óptimo para el correcto funcionamiento de la misión.
En este contexto, y debido a imposiciones de ratio, esta misión contará con la presencia de la Srta. McGregor, derivada del programa de inserción laboral para menores procedentes de conflictos bélicos.
El contrato se formalizará como becaria y cobrará el 60% del sueldo mínimo estándar.
***
La chica parecía un conejito asustado. La habían hecho sentarse en la sala de entrevistas del centro de reeducación. Una sala fría, gris y espaciosa con solo una mesa y un par de sillas a cada lado.
Hilbert se acercó y se sentó delante de ella. Tenía todo el aspecto de ser una humana, pero había detalles que no cuadraban. El cabello corto y desordenado era lo que más destacaba, porque era de color verde y tenía textura como de hoja perenne. La piel parecía un poco rugosa, y el color tampoco era muy habitual. Como de una tonalidad entre el gris y el marrón muy extraña.
«Mestizos…» pensó Hilbert.
Los ojos ambarinos de la muchacha lo observaron con pavor.
—Señorita McGregor —dijo Hilbert. Ella dio un pequeño respingo al oír su nombre—. ¿Le han comunicado por qué está aquí?
Ella miró a la mesa y habló en un volumen tan bajo que Hilbert tuvo dificultades para oírla.
—Me han dicho que necesita una enfermera…
—Bien. Exacto —dijo Hilbert—. ¿Y le han dicho que la han recomendado por ser la que mejores resultados tiene en su módulo de formación profesional?
Ella se encogió de hombros, tímida. Luego recordó los modales que debía mostrar ante una figura de autoridad como él y se irguió un poco.
—No… Solo me han dicho que tendré contrato de becaria.
Por un momento, Hilbert se vio a sí mismo, mucho más joven, con 5 años. Delante de Varani.
Apartó el recuerdo con furia contenida.
—De acuerdo —dijo—. Voy a ser muy sincero con usted, Srta. McGregor: si por mí fuera, no contrataría a alguien del programa de inserción laboral. No es nada personal, pero necesito personal altamente cualificado, y creo que es usted demasiado joven para cumplir con los requisitos de excelencia que estoy buscando.
Ella le miró a los ojos y luego bajó de nuevo la vista. No hacía falta que hablara para que Hilbert supiera que ella estaba pensando «Yo tampoco quiero trabajar para ti».
—No obstante, por un lado me obligan a tener a alguien del programa. Y por otro creo que usted podría aprender mucho. Es un entorno joven y, quizás esto la tranquilice, todos son seres humanos.
Por primera vez desde que habían empezado la reunión, Sarah McGregor lo miró con algo parecido al desafío.
—No me tranquiliza para nada —dijo—. Pero me esforzaré en hacer un buen trabajo.
Hilbert observó esos ojos ambarinos de expresión adulta. Demasiado adulta para esa cara aún infantil.
—Eso espero, Srta. McGregor.
