ANDREA ROIG

Ingeniera mecánica/técnica de mantenimiento.
Especie: Humano.
Edad: 11 ciclos Riawlent (22 años terrícolas).
Para el buen desarrollo de la misión es necesaria la figura de un operario de mantenimiento competente que sea capaz de llevar a término operaciones complejas de reparación de sistemas. Esta figura, además, debe trabajar codo con codo con la sección de informática, debido a que todas o la mayoría de las partes mecánicas de la nave están informatizadas.
Es por ello que la presencia de la Srta. Roig, hermana del Sr. Fahrenheit, es altamente recomendable.
Por un lado, su perfil técnico es impecable. Por otro lado, su parentesco y su relación con el Sr. Fahrenheit suponen un punto de control para el carácter de éste.
Por lo expuesto, propongo a Andrea Roig como técnica de mantenimiento e ingeniera mecánica.
***
Hilbert estaba en su despacho del Centro de Desarrollo Tecnológico Riawlent en La Tierra cuando oyó unos toques en la puerta.
—Adelante —dijo.
Liz abrió la puerta con cuidado. Su expresión era de confusión.
—Capitán, aquí hay una chica que quiere verle —dijo.
Hilbert frunció el ceño ligeramente.
—¿Una chica?
—Sí —dijo Liz—. Una. Chica. Capitán.
Hilbert parpadeó varias veces. Liz parecía molesta por algún motivo.
—¿Te ha dicho qué quiere?
—Hablar contigo —respondió Liz.
—Dile que pase, a ver.
Liz desapareció y, segundos después apareció una chica joven, un poco entrada en carnes.
Era muy parecida a Fahrenheit. Tenían el mismo color de pelo y también compartían rasgos. La muchacha entró y cerró la puerta tras ella.
—Buenos días —dijo ella—. Soy Andrea Roig, la hermana de Ray Roig.
—Buenos días —respondió Hilbert, levantándose del asiento y tendiéndole la mano—. Es un placer conocerla.
Andrea le estrechó la mano con decisión. Tenía un apretón de manos firme, y una fuerza inesperada para lo delicada que parecía.
—Siéntese, por favor —le ofreció Hilbert, señalando una silla con la mano.
Ambos se sentaron y se miraron. Andrea Roig llevaba mechas rosas, una camiseta que le dejaba los hombros al descubierto y que tenía estampadas unas letras en un idioma que no era uno de los tres autorizados por los Riawlent. Hilbert buscó en su SII el significado de la inscripción solo para descubrir que el idioma era japonés y que la camiseta decía «Chica mona».
Hilbert se dio cuenta de que ella también lo estaba evaluando a él.
—Usted dirá, Srta. Roig —dijo Hilbert.
Andrea comenzó directa y sin prolegómenos.
—Tengo entendido que ha chantajeado a mi hermano para que trabaje para los Riawlent —dijo Andrea.
Hilbert sonrió.
—Hemos llegado a un trato beneficioso para ambas partes en que él trabaja para mí a cambio de cierto compromiso de seguridad para su familia.
—Sigue siendo un chantaje —dijo Andrea.
—Sigue siendo un trato beneficioso para ambas partes —insistió Hilbert.
Ella frunció los ojos ligeramente y lo miró de arriba a abajo.
—Quiero trabajar yo también para usted —dijo.
Hilbert la miró sorprendido.
—¿Disculpe?
—Usted cree que ha domesticado a mi hermano con ese “trato”. Pero Ray es impredecible. Hará algo que nos acabará matando a mis padres y a mí si dejo que embarque en una nave Riawlent.
Él la observó en silencio.
—Si quiere que su misión vaya bien, me necesita —dijo Andrea—. Porque de lo contrario, Ray encontrará la manera de joderlo bien jodido.
Hilbert se recostó en su silla y suspiró.
—No tengo espacio para niñeras.
—¿Y mecánico? —preguntó Andrea—. ¿Ya tiene uno competente?
—Tengo muchas ofertas de interesados sobre la mesa —dijo Hilbert.
—¿Cree que alguno de ellos podrá trabajar con Ray codo con codo sin renunciar a la primera semana? Porque yo le aseguro que pasará. Y cuando pase, se arrepentirá de no haber considerado mi oferta.
Hilbert volvió a sonreír. Los Roig eran una familia muy interesante…
—De acuerdo, lo pensaré —prometió—. Envíe su currículum a la dirección de correo de recursos humanos y la llamaré para una prueba.
—Perfecto —dijo Andrea levantándose—. Así lo haré.
